Jumat, 08 Juli 2011

Machines

A lot of beginning anesthesia residency is understanding the machine, and it's a little overwhelming at first. This is in contrast to medicine where I did not have to learn any complex tools (the ultrasound is as far as I got). Anesthesia machines remind me of computers. They are incredibly powerful, automated, and complex. Different companies make different models, and we have to be facile in going from one machine to another. There are lots of connections, plugs, mechanical switches, and buttons. The interface isn't entirely intuitive, but seems like something I'll figure out as I start playing with it. A massive amount of information is generated, and our job is to interpret all of that to keep the patient safe. Today, we learned to do the machine check - to run through a daily algorithm that tests every failsafe and critical aspect of the ventilator, gas delivery systems, monitors, and connections. It's a little daunting as we are expected to troubleshoot any problems or malfunction of the machine all while keeping the patient safe. But I like technology, and so I think picking this up will come pretty quickly.

Image of Datex Ohmeda anesthesia machine is in the public domain, from Wikipedia.

Kamis, 07 Juli 2011

Del "bachoco" y de trapos superabsorbentes

Desde el año pasado he tenido un problema con mi Chevy blanco 1999, el "Bachoco", automotor que me ha sido fiel y confiable por los últimos doce años. Resulta que el lado del copiloto, en la parte delantera, se moja la alfomrbra del piso cuando llueve. He buscado por dónde se mete el agua sin ningún resultado. Cubrí todo el cofre del auto y según yo, no entraba agua en la parte delantera, pero aún así, apareció el agua. (Y bien sabemos que el agua en estas condiciones es capaz de generar mal olor y terminar por arruinar la alfombra del auto. Así que si alguien tiene alguna idea de qué hay que hacer para solucionar el problema, pues escríbame con sus ideas).

Como la época de lluvias de hecho está empezando, me hice de una cubierta de 3 m cuadrados y eso, más el plástico que cubre el cofre, logré que ya no se filtrara el agua a la alfombra del copiloto, pero desde luego que esta solución sólo funciona si no voy a salir, pero si salgo y tengo que dejar el automóvil en alguna calle, entonces, si cae uno de esos chubascos, el lado derecho del auto aparece "inundado"(un par de cms. sobre el nivel de la alfombra, asunto por demás latoso y preocupante).

Por ello, ayer en Pabellón Polanco, encontramos con Pilar un puesto en donde venden unas "toallas" superabsorbentes llamadas "supershorby", que son un producto alemán. La chica que estaba demostrando el producto nos dijo que nos podía dar dos toallas grandes y dos chicas, por 400 pesos, pero "en una oferta de sólo este día", nos regalaba un segundo juego idéntico. Nos pareció caro y le dijimos que no, que muchas gracias. Entonces nos respondió: "a ver, chicos, les puedo dar por la mitad de precio el juego de dos toallas chicas y dos grandes". Bueno, 200 pesos ya parecía más razonable y pensé -y sigo pensando- que estas toallas es la solución para secar el auto en caso de que se filtre el agua. La verdad es que probé y la propaganda es cierta. Absorbe agua en serio y no gotea. Quién sabe qué tipo de material es, pero aparentemente al menos, funciona muy bien.

Lo simpático es que primero la vendedora nos quería realmente vender dos juegos por 400 pesos, pero como le dijimos que no, entonces cambió la oferta y se dividió entonces en 2 el costo. Me quedé con la duda de lo que hubiese pasado si hubiésemos dicho que no. Así que antes de irnos de Pabellón Polanco le pregunté y entonces me dijo que no, que ésa hubiese sido la última oferta.

De Cibernética y Seudo-cibernautas Urbanos (capítulo 3)


Otra entrega del micro-libro de Enricco Wizard:

Imaginemos un calendario con meses de sesenta días, 
sin día primero ni días Lunes. La semana correría 
entonces de Martes a Viernes seguida del consabido 
Sábado y Domingo. No habría quehacer que no 
pudiésemos completar en un mes, no habría San Lunes, 
y lo más importante, llegado el día primero no tendríamos 
que dar explicaciones en caso de no haber cumplido con 
los compromisos ya que el día primero jamás llegaría. 
Para complementar lo anterior, en el nuevo calendario el 
día tendría 10 horas en vez de las actuales 24. Entonces 
una hora nos alcanzaría para hacer muchísimas cosas y 
todos aprenderíamos a leer el reloj en un santiamén.

Las computadoras y la carabina de Ambrosio
o
¿Qué estación escuchas?

A alguien se le ocurrió que las computadoras color caqui serían una sensación y es justo decir que a quien se le haya ocurrido tal cosa realmente dio en el clavo. La nueva moda, según entiendo, es regresar a los monitores de fósforo verde. Con esto se completaría el cuadro original. Para los que nacimos con la era cibernética todo esto cobra sentido, si bien puede sonar a añoranza o sentimentalismo desmedido. Existe incluso un movimiento que proclama el regreso al tubo de vacío ("Back to the Vacumm Tube"). El clamor ha llegado incluso a las antesalas de varios organismos internacionales. Quién no recuerda aquellos maravillosos radios de bulbos que tardaban varios minutos en calentarse; aquel naranja intenso del tugsteno en su máximo esplendor. Después de un charrasquido inicial y ya despejada la ansiedad contenida en un respiro, la radio comenzaba a emitir sonidos y nosotros reubicabamos nuestra fugaz conciencia en un interminable flashazo. No había placer mayor ni más genuino. Al genial Bill Gates y a su brillante grupo de sicólogos asesores se les ocurrió explotar este reflejo innato en los seres humanos de anticipar los eventos. Debo confesar que mi infancia se volcó sobre mi el día que arranque el Windows 95. Aquella espera, a ratos eterna, me hizo recordar mi radio de bulbos. Además estaba el infinito placer de llegar a la electrónica y muy ufano pedir un 6L6, o un 35W4, y claro, el 50C5, para el conocedor, un pentodo de potencia de haces concentrados. Todo esto mientras el imbécil de al lado pedía una resistencia rojo-negro-violeta-plateado pues el muy insulso no sabía descifrar el código de colores cuando en mi pequeño mundo hablar de ohms y watts era tan familiar como hablar de litros de leche o barras de margarina. Las cosas han cambiado sin embargo, aunque no del todo. Los chips de memoria han venido a suplir a los infames bulbos pero pocos saben realmente donde comprarlos y mucho menos cómo instalarlos. Tales asuntos son sólo para iniciados en la cultura cibernética. A lo que voy es a que el sabor ya no es el mismo. Las computadoras de hoy en día son viles cajas negras, o mejor dicho, cajas color caqui, no menos diferentes a los radios de antaño en funcionalidad y complejidad pero con la gran diferencia de que los radios pueden disfrutarse aún con los ojos cerrados y tirado de panza en la playa. Los japoneses insistirán en alcanzar un grado de miniaturización avasallador, pero transistores más, transistores menos, el radio y su fascinante legado no pasarán jamás de moda.

Rabu, 06 Juli 2011

Reorientation

The first few days of "anesthesia" actually consist of a lot of orientation. We see many new faces and departments - human resources, pharmacy, medical records, security & compliance, billing. We get whirlwind tours of the operating rooms, meet future attendings and senior residents, and learn the logistics at each hospital. For me, this is a small breather because I'm familiar with the basics from internship. Although it's a slow start, at least I feel fairly low stress and can share some tips and tricks. I await the end of the week when we actually start clinical responsibilities.

De Cibernética y Seudo-cibernautas Urbanos (capítulo 2)


Segunda entrega del libro inédito de Enricco Wizard:


Otra tarde más rumbo a casa después 
de un día jodido. Al cinto, mi formidable 
celular digital sin el cual la dulcinea no 
hubiese podido comunicarme jamás el 
proyecto más importante del día: 
conseguir unos pañales para niña 
del número cuatro.

La Internet
o
Una de las sietemil cuatroscientas veintidós maneras de rascarse la panza

La Internet está aquí, nos ha tomado por sorpresa, nos invade, nos sale al paso. La doble u, doble u, doble u es un ingenioso artificio para comunicar a la gente pero la experiencia nos ha dictado que en realidad es un instrumento que ha fomentado el aislamiento más pavoroso del que se tenga memoria en épocas recientes. Esto, aunado a la introducción del servicio de pizzas a domicilio, han contribuido en gran medida a que el destino de las generaciones futuras, exceptuando a la familia Hut, se vea gravemente menoscabado. El prototipo del cibernauta futuro es un individuo parapléjico y con acné galopante que muestra una total incapacidad de socializar o mantener una secuencia lógica de diálogo por más de medio minuto, salvo cuando la conversación ocurre vía modem. Tal individuo suele ser un verdadero especialista en algún tema que raya en las fronteras de la ciencia. La teoría de la relatividad especial, pasando por la antigravitación y haciendo escala en la levitación hindú, son temas de su absoluto dominio, a los cuales dedica largas horas de estudio frente al computador. El cibernauta vendrá a suplir al típico "nerd" ya que su armazón genético es mucho más adaptable al desarrollo tecnológico que experimentamos actualmente. La mayor contrariedad es que su esperanza de vida dejará mucho que desear por las razones ya expuestas. Esta actitud sedentaria es apenas un reflejo de un perfecto mecanismo con el cual la naturaleza, en su incomprensible sabiduría, somete a los hombres a fin de depurar a las especies. La alta incidencia del síndrome del túnel de carpio, la miopía juvenil, y las almorranas fulminantes, son una muestra más de como la especie humana enfrenta su propia negación existencial. Tal vez suene escalofriante, pero eventualmente la Internet fracasará y si nuestra especie conserva las extremidades superiores, regresaremos al ábaco, magnífico instrumento ancestral. Esto ya lo sabían los chinos desde hace miles de años pero se empeñaron en tender su muralla y fueron pocos los que se enteraron de sus sorprendentes descubrimientos. La analogía es por demás evidente.  La Internet no es otra cosa que la versión moderna de la muralla china, una barrera infranqueable que acabará por aislar a un grupo de desvalidos. Es cuestión de meditar y decidir de que lado de la muralla queremos estar, o mejor aún, echemos una mirada a nuestro alrededor para ver de que lado nos ha tocado estar. Ya ubicados podemos entonces rascanos la panza a placer.

Selasa, 05 Juli 2011

¿De verdad queremos tener libros electrónicos?


Amazon, el vendedor más importante de libros vía Internet ya dio cifras al respecto de los libros electrónicos: hace apenas unos meses ya se venden más que sus equivalentes en papel. Y esto da en qué pensar, porque con la llegada del Nook de Barnes & Noble y del Kindle, del propio Amazon, amén de otros lectores de libros electrónicos, es clara la tendencia: los libros electrónicos probablemente desplacen a los de papel, primero porque son más baratos (tal vez cuestan casi la mitad de lo que salen sus equivalentes físicos), y además, se pueden guardar en los dispositivos lectores por cientos. en el Kindle probablemente se pueden almacenar al menos unos dos mil libros completos. ¿Cuánto espacio necesitaríamos físicamente para albergar esa cantidad de volúmenes? (aunque sean libros de bolsillo).

Por estas ventajas, parecen ser los libros electrónicos la alternativa del siglo 21 y las ventas parecen demostrar que ése es el derrotero a seguir. De hecho, en términos reales, actualmente se puede subrayar en un libro electrónico, se pueden enfatizar párrafos como cuando uno subraya con plumón verde/amarillo o naranja párrafos enteros. Se pueden poner "post-it" electrónicos y además, se puede dar el dispositivo lector a alguien más y si queremos, podemos evitar que se vea lo que hemos subrayado y las notas que hallamos hecho.

¿Pero todas estas ventajas son suficientes para abandonar al viejo libro en papel, el cual sí, ocupa espacio en los anaqueles, en los estantes de los libreros, pero que tienen una ventaja sobre los libros electrónicos que me parece fundamental: no necesitan de energía eléctrica para poderlos leer. No importa si se maltratan un poco (por ejemplo, si les cae agua). A lo más tendremos algunas hojas dobladas o arrugadas quizás por el efecto del agua sobre el papel, pero podrá seguir siendo leíble. Intenten dejar su Kindle en el coche en un día muy cálido. Quizás un par de horas después el dispositivo se haya echado a perder. Y ni hablar del agua, pues si le cae, probablemente quede estropeado. Y bueno, no quiero olvidar de mencionarme la posibilidad de que se caiga el lector electrónico (pasa que se caen los libros, por qué no los lectores electrónicos que son como un libro en tamaño y forma). Probablemente queden inutilizados.

Pero vayamos más allá. ¿Qué ocurriría si pasa el tiempo, digamos unos años y uno, lector cuidadoso, sacó respaldos a discos compactos de los libros electrónicos que hemos comprado? Quizás la batería del lector electrónico ya no funciona igual o ya salieron dispositivos mejores, más eficientes. O bien, ¿qué haríamos si nuestros respaldos no se pueden leer? Porque ha de saberse que el sustrato vegetal con el que se hace la capa de almacenamiento de los discos compactos tiene una vida útil de unos años. Yo de hecho tengo muchos respaldos que ya simplemente me marcan error cuando quiero leerlos en la computadora. Claro, hablo de respaldos de quizás cuatro, cinco o más años. ¿Cómo podré recuperar esa información? Si fuesen libros en papel no tendría que preocuparme de ello, pues en el peor de los casos esos libros que no hubiese abierto hace mucho simplemente estarían durmiendo el sueño de los justos. Pero ahí estarían, con su información incólume, desafiando al tiempo, al futuro, cosa que -probablemente- no pasaría con los libros en formato electrónico.

Por ello no estoy muy seguro que sea una buena idea acumular libros electrónicos. Por una parte, estaremos obligados a ver cómo voy a respaldar esa información (que ya compré, por ejemplo), para mantenerla accesible en el momento que la necesite, ya sea dentro de dos días o diez años. Por otra, tendremos que mantener funcional el lector de libros electrónicos, el cual cambiará con el tiempo porque saldrán mejores versiones, más rápidas, con más capacidad de almacenamiento y con más características que las anteriores. Y entonces nos veremos obligados a llevar esta nueva carga sobre nuestras espaldas para no perder información.

Sin duda los libros electrónicos tienen muchas ventajas pero también tienen sus desventajas, que no son pocas. Por eso yo pensaría muy bien si debo empezar a hacerme de una biblioteca digital o mantenerme en la tradición del libro en papel, impreso, que se puede tocar e incluso oler. Tal vez, sin embargo, aún no es tiempo para estas decisiones. Habrá que ver si "la nube" mantendrá los libros que compre en ese espacio insondable e infinito que parece ser Internet. Habrá que esperar un poco, pienso, a ver cómo se mueve esta industria.

De un micro-libro de Enricco Wizard


Enricco Wizard, sinónimo del desaparecido amigo Enrique Salazar Mondaca, era un personaje muy ingenioso y de gran talento. Hallé en mi respaldo del correo este pequeño micro-libro, en el cual escribió algunas cosas ingeniosas. Iré publicando día a día los capítulos (que son pocos realmente), de un simpático libro que a más de uno habría hecho reír. Sé que -si Enricco me está viendo- sabrá que lo hago en su honor.

De Cibernética y Seudo-cibernautas Urbanos
o
La Computadora Nunca se Equivoca

Una guía para el neófito que requiere hacerse pasar por consumado experto. Al mismo tiempo, una guía para el consumado experto que no ha caído en cuenta de que en lo tocante al pasmoso negocio de la computación no entiende ni divina pizca.

La Margui se nos casa; me la 
imagino inocente y esplendorosa 
como una Luna llena de Otoño 
precedida por un majestuoso cortejo 
de sueños y esperanzas. Me imagino 
también a sus orondos padres 
conteniendo aquél mar de lágrimas.

                                                                 

Preambulo noctámbulo
o
¡Quítense piojos que ahí viene el peine!

Este libro no le conseguirá un nuevo empleo. Es más, este libro no mejorará sus relaciones laborales ni limará las asperezas con su jefe o subalternos. En sus páginas tampoco encontrará material para enriquecer sus conocimientos o alimentar el espíritu o ejercitar y aún despertar el tan traido y comentado tercer ojo. Es mi deber hacer hincapié en que en el mejor de los casos este libro conseguirá que lo despidan de su empleo de manera más o menos digna, esto es, sin tener que experimentar la mala fortuna de verse humillado ante sus estimables colegas. Al final, cuando ya sea demasiado tarde, usted odiará este libro de manera irremediable. Mi querido abuelo, comerciante innato, en un verdadero destello que le costó la vida al desatarle una embolia fulminante, vaticinó que el éxito comercial del presente ejemplar estaba precisamente en el odio iracundo que éste despertaría en sus lectores. Es bien sabido que tenemos más enemigos que amigos, en proporción de diecinueve a uno según las últimas cifras oficiales y esto sin considerar las recientes revueltas en Chiapas. Si usted obsequia este abonimable libro a un par de sus más fervientes y odiados enemigos, el santo vaticinio habrá de cumplirse justo al pie de la letra y mis enanos, mi mujer y un servidor, quedaremos eternamente agradecidos ante el maravilloso gesto benévolo. Le recuerdo, querido lector, que no deberá molestarse en enviarme cartas en reclamo a la presente obra, ya que difícilmente habré de responder a sus atentos reclamos. Es bien sabido que a las islas Fiji rara vez llega el correo y las estampillas postales son un invaluable tesoro para los aborígenes que ahí habitan. Con esto concluye mi elegante prólogo que en realidad más bien parece epílogo. Reflexionando un poco más sobre el asunto me doy cuenta que mi maestro de literatura y caligrafía, Don Narciso Genovesse, tenía harta razón cuando decía que los prólogos se escriben una vez que se ha terminado el libro, de preferencia, una vez que el ejemplar ha sido enviado para su empastado final. Ello explica el sobretítulo de noctámbulo, ya que este párrafo fue escrito a manera de añadidura en lo que sería la última desvelada para la noble causa literaria que habrá de sacarme de esta inmunda miseria. Tal vez hubiese sido más apropiado agregar una serie de recortes periodísticos y citar un cúmulo de comentarios de personalidades distinguidas. Algo así como que “críticos del New York Times afirman que se trata de la obra más reveladora y espectacular después del Quijote”. Tales notas suelen incluirse en todo libro que se jacte de decente y aunque todo mundo sabe que tales anotaciones son meras fabricaciones de algún escritor sumergido en algún trance tequilero en algún desolado bar de Manhattan, no dejan de impactar al culto y al ignorante. Existe otra conocida técnica jaibolera que consiste en solicitar un autógrafo a algún escritor reconocido, de preferencia en algún bar a fin de no dejar trazas. Una vez garrapateada la firma en una servilleta, la cual ha sido doblada previamente de manera estratégica, se le agrega algún texto alusivo al tema de interés. Por lo general, el escritor ni siquiera se acordará de lo que escribió por lo que no existe riesgo alguno de demanda. Una dedicatoria de Borges, por ejemplo, expresándose en favor del presente ejemplar hubiese creado verdadera expectación en los lectores con todo y que la misma hubiese sido malévolamente fabricada. Desafortunadamente y a pesar de que se regalaron varios ejemplares y se gastó una verdadera fortuna en jaiboles, no fue posible conseguir autógrafo alguno ni nadie se tomó la molestia de echarle un vistazo a los apuntes preliminares y mucho menos de arrojar una crítica despiadada, a reserva del San Dieguito Tribune, que simplemente señaló a traspáginas el hecho irrelevante de que el presente ejemplar contenía menos páginas que el reglamento de tránsito de Zapolopán, Jalisco, y que recomendaban ampliamente el citado reglamento sobre la citada obra, no sólo por su utilidad, sino porque su lectura resultaba bastante más entretenida. Resta decir que al final, cuando pensábamos que todo estaba perdido, conseguimos hacernos de un autógrafo en un bar de mala muerte de Tijuana. No se trata de un personaje muy conocido pero preferimos ocurltar su identidad ya que tampoco publicaremos la correspondiente mención por considerar que la frase “con profundo amor y cariño cabrón y sincero” con que se remata la dedicatoria en la servilleta restaría seriedad a nuestro proyecto literario. En cualquier caso, sirva la anterior aclaración para decir que tanto los editores como un servidor hicimos lo humanamente posible por garantizar el éxito comercial de tan monumental empresa, si bien el preámbulo deja mucho que desear. Tal vez para la vigésima edición tengamos algo sensato que ofrecer a nuestros estimables lectores que finalmente valga la pena.
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Nota: He mantenido el formato original del documento tanto como me ha sido posible.