El Dr. Michio Kaku es un físico teórcio, autor de libros de gran venta en los estados Unidos (bestsellers), y un divulgador de la ciencia. Él es el co-fundador de la teoría del campo de las cuerdas (una rama de la teoría de cuerdas), y continúa la búsqueda de Einstein por unir las cuatro fuerzas fundamentales de la Naturaleza en una sola teoría unificada.
Me robo de la página de la física Úrsula Bernal Cataño (que estudió en la UNAM), el siguiente video que puso en su página de Facebook. Me queda claro que el argumento que presenta en el mismo el Dr. Michio Kaku es más que contundente:
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Senin, 16 Januari 2012
Senin, 07 November 2011
El problema del aprendizaje en ajedrez
Llevo muchos años de ajedrez y he participado en un sinfín de torneos. He visto en ellos a muchos niños y jóvenes empezar sus pasos por tan difícil juego. A algunos el ajedrez los atrapa y entonces el juego ciencia se convierte más en una pasión, en una obsesión, que en un juego de mesa. Se vive alrededor del ajedrez, se revisan las partidas de los mejores jugadores, se estudian los trucos que hay en el tablero, se analizan las aperturas, el medio juego, los finales más frecuentes. Y para ello se requieren de muchos años de trabajo, de constancia, porque sin ella, el progreso francamente tiende a ser nulo.
Es costumbre pensar que cuando un niño/joven decide empezar a jugar ajedrez competitivamente, requiera de un maestro que pueda guíarlo en tan complicada tarea. Desafortunadamente en nuestro país al menos, no existen muchos entrenadores y profesores de ajedrez, y los que hay –muchas veces– lo que en realidad buscan es un modus vivendi para ir solventando esto del vivir. Esto en pocas palabras quiere decir que no existen planes para ayudar a los niños a progresar en ajedrez de manera coordinada, con método, de forma tal que pueda verse –si se siguen la disciplina– llegar a empezar a mejorar en el nivel de juego.
Por otra parte, resulta fuera de la realidad pensar que puede haber ahí fuera, una serie de jugadores que puedan entrenar a quienes empiezan a jugar. Debido a que por una parte, el ajedrez mexicano está francamente descoordinado, y por otra, que no hay suficientes entrenadores para la cantidad de niños que son involucrados en el juego ciencia, los pocos entrenadores que pudiese haber deberían aplicarse a ayudar a quienes ya han demostrado que tienen cierto talento y que les interesa progresar en este difícil arte. Pretender pensar que a cada niño –aunque no tenga el mínimo talento– se le debe poner un entrenador o profesor, es absurdo y fuera de lugar. Yo pienso que “primero ser y luego la manera de ser”. Es decir, primero que demuestre cierto talento natural y disposición para el ajedrez y después entonces, veamos cómo se le puede apoyar.
Yo soy de la idea que el ajedrecista en general se hace sólo. Por supuesto que la situación ideal es que hubiese entrenadores para todos, pero no los hay y por ende, debemos usar este recurso, en caso de existir, con aquellos que prometen llegar a jugar bien y que como dije antes, muestran talento, disposición y ganas de trabajar en el tablero.
Quienes crean que los ajedrecistas de gran nivel se hicieron gracias a que tuvieron entrenadores todo el tiempo, debo decirles que se equivocan. Botvinnik, el excampeón del mundo y padre del ajedrez soviético, tenía una escuela en donde los mejores talentos, entre ellos Kramnik y Kasparov, por ejemplo, concurrían, pero ojo, iban diez días cada seis meses a reunirse con el viejo patriarca. Éste revisaba el nivel de cada uno de sus pupilos, veía sus partidas y hacía un diagnóstico sobre qué temas ponerlos a estudiar para erradicar fallos y vicios en su juego. Botvinnik era un maestro en diagnosticar a sus pupilos, pero estos se iban a sus casas a trabajar con un muy pesado material que tenían que absorber en esos seis meses antes de volver a ver al excampeón del mundo. Dicho de otra manera, Botvinnik no les daba clases cada semana, ni nada por el estilo. Confiaba en la disciplina de cada jugador joven para que éste se aplicara a trabajar en su ajedrez, con el material que Botvinnik había creado para él.
El GM Alejandro Ramírez, por ejemplo, siempre estudió solo. Pero de niño ya tenía cierto talento y su fuerte trabajo personal en el tablero dio sus frutos. Los jugadores de ajedrez tienen que estudiar solos. Los entrenadores –cuando los hay– sirven como guías para no salirse del camino del trabajo contínuo o para no cometer los pecados de todo ajedrecista, como el estudiar aperturas antes del final, por ejemplo.
Evidentemente hay contraejemplos: Kasparov contó con la ayuda de Botvinnik, pero el ogro de Bakú tenía una disciplina férrea y se embarcaba muchas horas por día a trabajar sobre el tablero. Tuvo además la posibilidad de tener un entrenador como Nikitin pero ojo, Kasparov era un súper talento, y Botvinnik apreciaba mucho a Garry, porque lo veía como lo que finalmente fue: el décimo tercer campeón del mundo.
Hay otros ejemplos: El primer lugar del rating mundial, Magnus Carlsen, trabajó con un gran maestro noruego cuando empezó a jugar al ajedrez, pero las sesiones de entrenamiento eran un par de horas por semana. Aún así, Carlsen demostró su genialidad y en un año subió 1000 puntos de rating, para colocarse como un jugador de primera fuerza. Cuatro años después, prácticamente sólo, sin la ayuda de entrenador alguno, se ubicó en el primer sitio del escalafón mundial. Ahí entonces Kasparov tomó como pupilo al noruego y lo llevó a ser el mejor del mundo, pero quizás chocaron en carácter y hoy en día –de nuevo– Carlsen trabaja solo.
En cualquier otra disciplina pasa lo mismo. Por ejemplo, en una carrera universitaria uno va a clases no a aprender necesariamente, sino a que el profesor lo guíe, le dé instrucciones de qué estudiar, en qué trabajar. Si el alumno se reduce a tomar clases y no trabajar por su lado, difícilmente terminará una carrea profesional con éxito. Exactamente eso pasa en el ajedrez, pero peor aún, porque por su misma naturaleza, hay que esforzarse mucho en el tablero para ir comprendiendo sus secretos. Ningún entrenador puede sustituir el trabajo personal.
Los jóvenes y niños que hace unos años fueron enviados por sus padres a festivales de ajedrez en el extranjero, muchos de ellos, sino es que todos, ya han abandonado el ajedrez. La razón es simple: estaban mal preparados y sus rivales –al contrario– se habían esforzado mucho más y su nivel era mucho mejor. Así, gracias a que la Federación Mexicana de Ajedrez avaló a esos jovencitos aunque no tenían el nivel y sus padres el dinero para mandarlos a Grecia, España o donde fuese el torneo en cuestión, esos ajedrecistas mal preparados hicieron un desastroso papel. Así que ni para fogueo contó esa experiencia. No puede haber fogueo cuando hay demasiada disparidad en niveles de ajedrez de los mexicanos contra sus eventuales rivales europeos. A la larga esto sólo causa decepción entre los ajedrecistas mexicanos que pensaban que tenían cierto nivel y que fueron superados rotundamente en estas competencias.
El asunto es simple: Primero, es necesario poner límites a estas absurdas participaciones internaciones de cuanto niño que juega al ajedrez cuando no se tiene un nivel competitivo. Las Olimpiadas que se hacen cada cuatro años, y no me refiero a las de ajedrez, exigen, vía el Comité Olímpico Internacional, que den ciertas marcas mínimas. Si los atletas no las cumplen simplemente no van. No tiene sentido mandar a nadie a competir cuando sus rivales son mucho muy superiores. Por ejemplo, el récord mexicano de nado libre, en 100 metros, es de 51.65 segundos… El récord mundial es de 46.91. Estamos a años, muchos, de competir en esta disciplina. Pasa lo mismo en ajedrez, donde el nivel se mide por el rating. No tiene sentido poner a jugadores de 1800, 1900 puntos de rating contra juveniles que juegan al menos 2200 puntos Elo. Estos avales no ayudan a nadie y son en el fondo un negocio de la federación mexicana.
Mi sugerencia es sencilla: que los jugadores se apliquen ellos mismos, que estudien por ellos mismos si es que el juego les interesa lo suficiente. Hay muchas bases de datos, muchos libros, mucha información en Internet y puede progresar sin necesidad de nadie si se toma el ajedrez en serio. Quien siga pensando que un entrenador hace a los jugadores o no sabe, o tiene una idea ingenua de cómo se progresa en ajedrez.
Selasa, 20 September 2011
Un libro de ajedrez diferente
El libro "Genius in the background", de Tibor Károlyi y Nick Aplin, es sin duda una interesante obra. Narra, de alguna manera, a los entrenadores de los grandes jugadores, a aquellos que están detrás de cámaras, detrás de las cortinas, pero que son parte fundamental del éxito de los jugadores más importantes en el mundo.
Los autores logran algunas entrevistas con los entrenadores, muchas veces opacados por los triunfos brillantes de sus pupilos. Hay una parte en cada capítulo en donde los propios jugadores tienen palabras de elogio sobre estos personajes que son una parte importante del ajedrez y muchas veces desconocida.
Pero también el libro pone el dedo en la llaga con respecto a la vida de estos fortísimos jugadores, que dedicaron su vida al entrenamiento de muchos de los considerados jugadores de elite y que por muc has circunstancias, ahora sus vidas no son las más tranquilas. Alguno de los entrevistados ahora hablan de estar desempleados, o que simplemente su status de gran entrenador ya es solamente un bonito recuerdo, porque ya no consigue a quien entrenar, porque las condiciones en su país, han cambiado, etc.
Cada capítulo contiene algunas partidas de estos entrenadores, comentadas, así como partidas importantes de sus pupilos. Creo que el enfoque es novedoso, que el tema no se había tratado de esta manera y al final del día deja un sabor mucho más personal de las batallas que se pelean antes del tablero, y de las difíciles condiciones que para progresar, a veces impone la propia vida. Pensamos en Kasparov, en Topalov, en muchos jugadores de elite como personajes con un talento fuera de serie. Pero nunca pensamos en su trabajo cotidiano en ajedrez, en los años frente al tablero sin jugar, sólo analizando, para develar los misterios de tan fascinante juego. Vemos siempre el final, como un regalo recién desenvuelto, sin pensar en las cientos o miles de horas que dichos jugadores pasaron con sus entrenadores trabajando duramente en el tablero.
Una versión electrónica del libro puede hallarse aquí. De cualquier manera, mi sugerencia es que si les convence, le compren al autor el libro (vía Amazon, por ejemplo). Creo que es un trabajo muy bien cuidado.
Vale la pena echarle un ojo.
Rabu, 08 Juni 2011
Para verdaderamente progresar en ajedrez
Una discusión interminable entre ajedrecistas es la que se refiere a cómo progresar. ¿Cómo jugar mejor? Qué hacen los ajedrecistas para subir verdaderamente su nivel? ¿estudian acaso mucho más que nosotros? ¿qué hacen ellos que, evidentemente, no estamos haciendo nosotros, porque ellos avanzan y nosotros no?
Desde luego que el éxito en ajedrez depende de muchos factores: un mínimo talento, trabajo en el tablero, estudio en casa, jugar partidas, analizar las partidas de otros, leer sobre teoría de aperturas, medio juego y finales, disciplina, trabajo constante, motivación, empuje, ganas de competir, etc. Y para ello se requiere de tiempo. Alguna vez le preguntaron a Kasparov ¿cómo se podía progresar en ajedrez si se tenía poco tiempo? La respuesta del excampeón del mundo fue demoledora: ¿cómo pretendes progresar si no dedicas tiempo para ello? Y miren de quien parte este comentario.
Así entonces, es claro que el progreso en el tablero depende de un buen número de situaciones externas, pero si el ajedrecista trabaja en el tablero con constancia, los esfuerzos a la larga, deben dar algunos frutos. Sin embargo, lo que llama la atención es que de pronto, un jugador como nosotros, de nuestro nivel, de pronto da una especie de “brinco” y empieza a tener muy buenos resultados. ¿Qué hizo en esos seis meses, un año que lo catapultó a un mejor nivel que el nuestro, cuando antes más o menos jugábamos igual?
La respuesta parece ser un mecanismo poco estudiado –creo– pero que aparentemente es muy común cuando se avanza en el estudio de alguna asignatura, la que sea, incluso ajedrez: el tema es trabajar con una pasión desbordada por digamos, unos seis meses. Quizás cuatro, cinco o seis horas (lo ideal serían más horas, unas ocho, pero es claro que las actividades del mundo real muchas veces nos impiden poder estudiar ajedrez tantas horas seguidas). Si uno trabaja con esta constancia y con método, estudiando digamos –por decir algo– una hora de aperturas, otra de medio juego, otra de finales y una más de estrategia, combinándolo con partidas de entrenamiento, con trabajo en la táctica ajedrecística, con resolución de estudios, etc., en unos seis meses habremos adquirido un caudal de conocimientos notable, pero más aún, habremos puesto al cerebro en un modo para dar el gran salto conceptual. De entender lo que entendíamos de ajedrez pasamos a un nivel de entendimiento más profundo. Y quizás –yo diría que con certeza más bien– no nos damos cuenta cómo se produjo este avance. Tal vez lo que creíamos entender de pronto fue reemplazado por una concepción más seria de lo que acontece en el tablero. De repente nos quedan más claras algunas posiciones. Entendemos de alguna manera más las sutilezas y lo que antes eran posiciones sin chiste ahora se ven con nuevos ojos.
Esto, lo decía Artur Koestler, es algo así como retroceder para brincar más lejos. De alguna manera al estudiar con mucha constancia, diariamente, el cerebro pone en tela de juicio lo que sabemos y de pronto rechaza lo que dábamos como un hecho y esto parece un retroceso. Y entonces la nueva información, la nueva concepción, comienza a tomar forma en la cabeza del ajedrecista y forma nuevos conceptos que van sustituyendo a las ideas que antes dábamos por sentadas.
Parece que este proceso no es gradual, más bien parece un brinco. Es decir, no vamos jugando poco a poco mejor. Digamos, para decirlo en términos de la física cuántica, el avance no es una curva contínua, sino discreta, con picos en los valores, como con brincos cuánticos.
Y así, seis, ocho meses después, observamos que,de aparentemente no notar cambios en nuestro nivel, jugamos mejor, que ganamos más partidas, que rivales que considerábamos muy fuertes ya no parecen serlo tanto y sorpresivamente, estamos ya jugando en las primeras mesas compitiendo incluso por los premios.
Hay que elaborar más al respecto de esta idea, pero parece ser claro que hay que darle tiempo al tiempo. Darle espacio al cerebro para que poco a poco vaya acomodando las nuevas ideas que vamos aprendiendo. En este mundo que se concentra en la velocidad hay una tendencia a creer que se pueden aprender las cosas en poco tiempo. Así vemos títulos como “Aprenda PHP en 24 horas”, “Mejore su ajedrez en 7 días”, etc., cuando en realidad estas no son más que fórmulas comerciales para vender libros, porque nadie puede garantizar que uno aprenda un lenguaje de programación como PHP en 24 horas o que efectivamente pueda mejorar su propio ajedrez en una semana. Así no parece comportarse el proceso enseñanza-aprendizaje.
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